Idioma

Luis Montes
11 de septiembre de 2026 a las 18:00
CEO PlymoutCR

Después de hasta once años de clases, ¿estamos formando personas capaces de utilizar el inglés o estudiantes que solamente lograron aprobarlo?
Costa Rica ha presentado históricamente el dominio del inglés como una de sus ventajas para atraer inversión y generar oportunidades laborales. Sin embargo, los resultados recientes invitan a cuestionar esa reputación. En el EF English Proficiency Index 2025, el país perdió 18 puntos y fue superado ampliamente por Honduras. Aunque esta medición no representa exclusivamente al sistema educativo público, sí revela una señal preocupante: nuestra supuesta ventaja lingüística no puede darse por sentada.
Cuando “ver” un tema no significa aprenderlo
A lo largo de mi experiencia como educador y tutor he trabajado con estudiantes que ya “vieron” determinados temas durante sus clases, pero todavía no pueden utilizarlos. Sus cuadernos demuestran que el contenido fue explicado y evaluado; sin embargo, cuando necesitan formular una pregunta sencilla o participar en una conversación, aparecen vacíos importantes.
Esto sucede porque cumplir un programa no siempre equivale a desarrollar una habilidad. Se puede explicar el presente perfecto, aplicar un examen y marcar el objetivo como cumplido, aunque el estudiante todavía tenga dificultades para construir una oración básica en presente simple. Aun así, el programa debe continuar y cada contenido nuevo se coloca sobre bases que todavía no están consolidadas.
Hasta once años para alcanzar un nivel básico
Un estudiante que comienza inglés en primer grado y termina la educación académica en undécimo puede acumular hasta once años de clases. Sin embargo, el requisito mínimo establecido para obtener el Bachillerato en Educación Media es alcanzar A2, correspondiente a un usuario básico.
Es importante aclarar que A2 es el requisito mínimo y no necesariamente la aspiración máxima del currículo. También existen grandes diferencias entre instituciones: algunas cuentan con secciones bilingües, inglés conversacional y una exposición más intensiva, mientras otras trabajan con grupos numerosos, horarios reducidos y recursos limitados. No todos los estudiantes reciben las mismas oportunidades.
Certificar el idioma sin pedirles que hablen
La contradicción más evidente es que la Prueba Nacional Estandarizada de Lenguas Extranjeras evalúa lectura y escucha, pero no expresión oral ni escritura. Ambas habilidades receptivas son indispensables, pero certificar un nivel de inglés sin comprobar si el estudiante puede producir el idioma ofrece una fotografía incompleta.
¿Cómo podemos hablar de bilingüismo si la evaluación ni siquiera le pide al estudiante que hable?
La frustración también se aprende
Con frecuencia se afirma que muchos jóvenes no quieren aprender inglés. Ciertamente, aprender también requiere participación, constancia y responsabilidad personal. Sin embargo, cuando un estudiante pasa años estudiando una materia sin sentir que puede utilizarla, termina asociándola con frustración y fracaso. Tal vez no rechaza el idioma, sino la experiencia repetida de no comprenderlo y sentirse incapaz frente a él.
Esta realidad también puede desgastar a los docentes. Muchas personas estudian Enseñanza del Inglés porque desean ver a sus estudiantes comunicarse y acceder a nuevas oportunidades. No obstante, atender distintos niveles dentro de un grupo numeroso, completar el programa y cumplir con las responsabilidades administrativas reduce el tiempo disponible para acompañar el aprendizaje real.
No se trata, entonces, de culpar exclusivamente al MEP, a los docentes, a los estudiantes o a las familias. Los programas oficiales ya incorporan enfoques comunicativos; el problema aparece cuando sus objetivos no se alinean con las condiciones reales de todas las aulas.
Avanzar debería significar aprender
Costa Rica necesita priorizar habilidades esenciales, crear espacios de nivelación antes de seguir acumulando contenidos y evaluar progresivamente la producción oral. También debe reducir la carga administrativa docente, fortalecer la continuidad entre primaria y secundaria y distribuir los recursos de acuerdo con las condiciones de cada comunidad educativa.
El inglés dejó de ser un elemento decorativo en el currículo. Es una herramienta de empleo, educación, tecnología y movilidad social. Cuando el sistema no consigue desarrollarla de manera equitativa, el bilingüismo termina convirtiéndose en un privilegio para quienes pueden pagar academias, tutorías u otras oportunidades complementarias.
El problema no se resolverá agregando más contenidos o aplicando una prueba más. Se resolverá cuando avanzar deje de significar pasar a la siguiente unidad y comience a significar que el estudiante desarrolló una habilidad que antes no tenía.
Después de hasta once años de clases, nuestros jóvenes merecen algo más que un nivel escrito en un certificado. Merecen poder utilizar el idioma que durante tanto tiempo les dijimos que estaban aprendiendo.
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